4 tendencias de la televisión mundial y nacional (2 de 4)

15 04 2008

este artículo sufrió una fuerte revisión el 19 de Abril de 2008

Ahhhhhhhhhhh, ¿Quién no recuerda la serie de televisión “Los Años Maravillosos“? (probablemente alguien que nunca la vio) Cómo olvidar la canción del principio: “what would you do if I sang out of tune…” *en POPULACHERO nos tomamos una pausa para mirar por la ventana mientras subrepticiamente limpiamos la inesperada lágrima de nostalgia* Cómo olvidar el elemento más notable de la serie: el recurso del adulto contando la historia de su adolescencia con la distancia y el cambio de percepción que dan los años.

Si el fundamento secreto de la televisión es, y vaya que lo es, sublimar los sueños más primordiales de una masa de audiencia, los creadores de Los Años Maravillosos dieron en el clavo: ¿Quién no sueña con poder volver a observar con tanta candidez toda la incomodidad de dejar de ser niño? Claro que ese no es el tema de esta entrada.

El tema es la utilización, justificada por la historia, de un narrador “off camera” -más conocido como voice over-, que sirve secundariamente otro propósito: Duplica efectivamente la presencia audiovisual del protagonista, duplicando asimismo la información. Pasaron los años (maravillosos para algunos) y la gente de la televisión aprendió la lección. Lo que nos lleva a “Sex and the City”.

En “Sex and the City” la justificación del V.O (voice over) es diferente: le da la oportunidad a Carrie de dar su opinión editorial acerca de lo que implica tener una relación adulta en Nueva York. Pero al mismo tiempo su función es similar a la de los años maravillosos: Primero porque le da distancia al protagonista frente a lo que está viviendo en ese momento (y le da también un poco de omnipotencia) y segundo, porque duplica su presencia efectiva, lo que acelera la historia. Podríamos seguir con muchos ejemplos en esta improvisada historia del narrador en televisión.

Pero el punto es este: el tiempo en televisión vale mucho, mucho dinero. Por ende una buena forma de hacer avanzar la historia económicamente es hacer que un narrador nos ponga en contexto en la historia y se ahorran un montón de escenas: sólo hay que pagar una voz. A medida que hay más programas peleando por visibilidad y las programadoras intentan aprovechar al máximo el horario estelar, vamos a oír más y más a un narrador resumiendo la historia o revelando el estado emocional del personaje (tarea dificil de lograr con imágenes).

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Por ejemplo el otro día vimos en los laboratorios de las ciencias audiovisuales de POPULACHERO el primer capítulo de “Pushing Daisies” una serie producida entre otros por Barry Sonnenfeld el mismo de “Hombres de Negro”. El caso es que en ese primer capítulo contaron una historia bastante rica e intrincada en menos de una hora, gracias a la precencia de un narrador.

No tengo nada en contra del narrador ni me parece un truco barato, aclaro. Es más, me parece muy ingenioso y me gustaría ver mas series colombianas (han habido algunas) con la precencia de un narrador. ¿Por qué? Porque le da una profundidad sicológica a los personajes, dificil de mostrar en imágenes. Porque le da un estatus de seriedad a la historia porque si tiene un narrador debe estarse contando algo importante. Las series colombianas “guiñan el ojo” demasiado al espectador (como diciendo: Ustedes saben que esto es ficción), no toman la distancia ficcional suficiente. Por último, porque permitiría vehicular (que palabra tan pomposa) mucho más rápido las historias. Lo que haría tramas mucho más ricas e intrincadas. Hemos dicho.

¡En instantes! seguiremos este informe especial de tendencias televisivas con la tercera parte: el replanteamiento del significado social del amor y la familila. ¡El que pestañea pierde!